Hagamos una revisión de las jornadas de Jesús, tal como nos lo presenta el Evangelio del quinto domingo del tiempo ordinario, según san Marcos (1,29-39): Jesucristo sale de las Sinagogas – casa de los judíos – donde claramente como maestro llega a enseñar, luego se va donde la suegra de Simón, se le acerca, la toma de la mano y la cura, a continuación le llevan a los poseídos de espíritu inmundos a quienes liberaba y curaba. De madrugada cuando estaba oscuro se levanta y va a orar, después de eso pide a los apóstoles que le acompañen a otro lugar para ir a predicar.

Luego de todo esto la primera pregunta que me surge es: ¿Cómo es mi jornada, tú jornada, nuestra jornada? ¿Qué hacemos en lo normal y ordinario de cada día? Sería bueno que te detengas a pensar de qué forma realizas tu jornada, analizando detenidamente lo que haces, que lugares frecuentas, con quien conversas y sobre qué temas. Me parece que estos son datos sencillos pero vitales para conocer lo que ordinariamente haces en la vida.

Muchos tendrán que pensar sobre el quehacer de cada día desde salir de la casa, las conversaciones y diálogos que hacen en la escuela, trabajos o en el campo; otros tendremos que revisar lo que hacemos al regresar a casa para descubrir si en todas esas largas jornadas le estamos dedicando un tiempo a la oración personal, al rezo del santo Rosario y a la santa Misa, porque ir a la celebración Eucarística diario, es una gracia para todos que no es entregada a unos selectos, lo único que debemos hacer es aceptarla.

Debemos cuestionarnos seriamente: ¿Le dedico espacios a Cristo? ¿Cada cuánto me confieso? No olviden que como en todo, en la vida espiritual hay que tener disciplina, de lo contrario no se llegará a nada, no creceremos espiritualmente, tampoco se crecerá en el conocimiento de los tesoros insondables de Dios y no se tendrá una jornada tan completa como la de Jesús.

Otra pregunta importante es: ¿En mi jornada dedico tiempo para hacerle el bien al otro?, cada día hay que detenerse y pensar: ¿A cuántos les he realizado un bien hoy? No deberíamos dejar pasar un solo día sin al menos hacerle el bien a una persona, de esa manera cada quien debe disciplinarse y establecer actos concretos para el bien de nuestra vida, iluminados por el Evangelio.

Pidamos al Señor que en la vida nos permita bellas jornadas de estudios, trabajo, familia, pero también de oración y radical caridad perfecta.

Fuente: Diócesis de Matagalpa.