Hagamos un breve recorrido por los primeros domingos del tiempo pascual. En el Evangelio del domingo de resurrección descubrimos que el amor tiene prisa, la prisa de encontrarse con el amado, esta es la actitud de María Magdalena, quien pronto se da cuenta que Jesús no está en el sepulcro, la tumba está vacía. El domingo pasado decíamos que las llagas del cuerpo glorioso del resucitado nos introducen en el canal de su misericordia que está en su corazón.

En el tercer domingo de pascua encontramos a los discípulos que creen por ver al resucitado y no por lo que han escuchado. El Señor vuelve y dice: “La paz esté con ustedes”, ellos creían ver un fantasma y Jesús otra vez les muestra las llagas gloriosas, es como si las llagas fueran la prueba de que no es un fantasma, es el resucitado. Hermanos: Jesús no es un fantasma, en estos 50 días de pascua no celebramos a un fantasma, a un muerto, a un Dios gnóstico o desconocido.

Por eso Jesucristo nos insiste que lo celebramos a él, Cristo vivo, resucitado quien nos dice: “Estoy aquí”. San Lucas en esto relata que los discípulos están atónitos y llenos de alegría. Por lo tanto la alegría que nos ofrece Jesús vivo hoy a nosotros no es fruto de nuestras astucias, habilidades, destrezas, aplicaciones o por ser prevenidos; para nosotros creyentes esta paz, alegría y seguridad de saber que caminamos por la vida, nos la da el resucitado, él te quita el miedo en las incertidumbres, las inseguridades en medio de las calamidades, limitaciones, dudas, él te dice: “Mírame tócame, soy yo en persona no un fantasma”.

Este es Cristo vivo que ahora vive y reina a la derecha del Padre por los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Diócesis de Matagalpa.

Redacción: Manuel Obando