Al pueblo de Dios y a los hombres y mujeres de buena voluntad.

1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua hemos vivido con profundo dolor los acontecimientos violentos perpretados la noche de ayer por grupos armandos afines al gobierno contra la población civil. Condenamos enérgicamente todos estos hechos violentos en contra del ejercicio de la libre manifestación pacífica y rechazamos absolutamente esta agresión organizada y sistemática en contra del pueblo, la cual ha dejado decenas de heridosy algunas personas muertas.

2. No podemos seguir permitiendo esta violencia inhumana “ que destruye la vida de los inocentes, que enseña a matar y trastorna igualmente la vida de los que matan, que deja tras de si una secuela de rencores y odios, y hace más difícil la justa solución de los mismos problemas que la han provocado” ( Centesimus Annus,52)..

3. Los Obispos de la Conferencia Episcopal condenamos todos estos actos de represión de parte de grupos cercanos al gobierno y queremos dejar claro que no se puede reanudar la mesa del Diálogo Nacional mientras al pueblo de Nicaragua se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado.

4. En este momento en que la historia de nuestro pais sigue siendo manchada de sangre clamamos a Jesús Crucificado, quien al resucitar de entre los muertos venció el mal y la muerte con la fuerza de su infinito amor. “ Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar· ( Papa Francisco, Viernes Santo, 2016). Que María, la Virgen dolorosa, cuyo corazón fue traspasado por una espada ante el dolor de su Hijo en la Cruz (cf.Lc.2.35), consuele a tantas madres nicaragüenses que sufren por el asesinato de sus hijos y vele con su amor maternal por todo nuestro pueblo.

Dado en la ciudad de Managua a los treinta y un días de mayo del año del Señor dos mil diez y ocho.

CEN