(ROMA)El cardenal Leopoldo Brenes se encuentra en Roma para explicar en persona al Papa las consecuencias estallido de violencia que, desde el mes de abril, está desangrando Nicaragua. El gobierno y grupos paramilitares están reprimiendo duramente las protestas pacíficas de los ciudadanos que se manifestaban por la reforma de las pensiones.

Francisco ha estado muy pendiente de la situación y en Nicaragua lo han sentido.

“Nosotros hemos sentido la fortaleza y el pueblo también. El pueblo católico de manera especial, pero yo diría que aún más aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, como él los llama, que no profesan la fe católica y que han escuchado la voz del Papa y han sentido que el Papa está muy cerca de nosotros, los nicaragüenses, en este momento de sufrimiento”.

La Iglesia de Nicaragua está actuando como mediadora para tratar de apaciguar los ánimos pero también está haciendo mucho más. El 21 de junio, en la localidad de Masaya los obispos nicaragüenses encabezados por el cardenal Brenes evitaron una auténtica masacre así, con el Santísimo en la mano y atravesando barricadas.

“Me comunicaron que estaban saliendo desfiles de camionetas llenas de militares y policía antidisturbios y civiles para atacar Masaya. Entonces dispuse tener la primera hora de oración y después invitar a los sacerdotes a que me acompañaran”. “La gente sintió la cercanía. Las imágenes eran emocionantes y, sobre todo, había mucha gente de rodillas en el camino con las manos en alto diciendo: “Ayúdennos, sálvennos”. Eso a mí personalmente me impresionó”.

Consiguieron sembrar la paz por unas horas y también lograron la liberación de algunos detenidos, como este joven que abraza así a su abuela de 96 años. La anciana pasó 8 días en la puerta de una prisión esperando la liberación de su nieto.

La violencia se ha cobrado la vida de casi 300 personas, entre ellas un bebé, unos mil heridos y se habla de desaparecidos, aunque todavía no hay listas oficiales.

“Esas madres se quedan marcadas para siempre y el sufrimiento no es de un día sino de todos los días recordando a ese hijo que se perdió. Detrás de la madre está el esposo, están los otros hijos, los vecinos… la muerte de un miembro de una familia no solo perjudica a una madre sino a todo un ambiente y cuando ya llevamos más de 300 ya perjudica a toda la nación”.

El purpurado explica que todas las noches y todas las mañanas telefonea a los sacerdotes para saber cómo sigue la situación, esperando que no haya más víctimas.

“Lo habíamos visto en las dos guerras que hemos tenido donde han muerto más de 50.000 personas pero había personas armadas. Un grupo armado contra otro grupo armado. Pero en este caso no. Ha sido contra personas que iban caminando por la calle sin arma o alguien detrás de una barricada, quizá con un mortero… Entonces esto es mucho más duro que una guerra”.

El cardenal Brenes recuerda que esta crisis solo se solucionará con diálogo, un camino en el que la Iglesia está dispuesta a seguir participando por amor al pueblo de Nicaragua.