“Desde la oración el Señor ocupa el primer lugar en nuestra vida”. Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez para la semana:

20 marzo, 2019 0 Por Josary Mayerling Vargas Vega

Necesitamos la ayuda del Señor de aquel de donde nos viene la suficiencia, porque en él encontramos nuestra suficiencia, encontramos el reconocimiento de nuestra realidad humana, esa lucidez la encontramos en la oración, porque en la oración nos sentimos amados por el Señor, favorecidos por él, encontramos el favor del Señor y si Dios está con nosotros, ¿quién en contra?, en la oración encontramos nuestra suficiencia, en ella Cristo va siendo nuestro principio y fundamento.

En nuestra vida tenemos la claridad y lucidez a través de la oración, por lo tanto entre más oremos más lucidez tenemos para abrir nuestro corazón a Cristo y que Cristo vaya siendo cada vez más el primero en nuestra vida, el fundamento, que vaya ocupando el primer lugar, diría que lo demás no pasan a segundo lugar sino que siendo el Señor el centro de nuestra vida, siendo el Alfa y Omega en nuestra vida todas las cosas y circunstancias terminan ordenadas en torno al Señor que termina siendo el centro de gravedad en nuestra vida y se cumplirá aquella palabra: “Primero el reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura” y viviremos lo que dice San Pablo: “Ante el conocimiento de Cristo Jesús, lo demás lo considero basura”.

Que interesante que Cristo sea el centro de gravedad, de todo en nuestra vida porque él termina ordenando todo. En la oración encontramos la libertad interior y desde la oración el Señor ocupa el primer lugar, siendo el primero y último en nuestra vida.

San Lucas el segundo domingo de cuaresma nos dijo que en la oración también encontramos nosotros la transfiguración, en la oración nosotros somos transfigurado, ahí nos encontramos cara a cara con quién nos ama y nuestro corazón termina sintiendo como él, porque de tanto estar con él terminamos siendo y pensando como él, conocemos sus pensamientos, sus sentimientos es decir el corazón como una acción del Divino Espíritu va lográndose transformar en el corazón del Señor y cuando pasa eso es que logramos ser transfigurados.

En la oración encontramos nuestra libertad interior, en ella el Señor va logrando ser el primero, principal y fundamento; en la oración somos transfigurados y en la oración podemos escuchar al Señor.

En el silencio nos encontramos cara a cara con el Señor y se escucha la voz de Dios, debemos escuchar al Señor y estar atentos a su palabra, cada vez que nos encontramos con su palabra hemos de preguntarnos: ¿Qué me dice el Señor ahorita en esta palabra? Debemos tener al día contacto con la palabra, escuchar al Señor y encontrar en aquella voz la voluntad de Dios que es nuestra paz y esperanza.

Finalmente el texto nos va guiando y dice que luego de la transfiguración los discípulos guardaron silencio y ya esto nos introduce al hecho que bajan del monte y vuelven a la vida ordinaria. El hombre y mujer orante que han hecho este camino y han tenido esta experiencia preciosa de encontrarse con Dios donde está nuestra fuerza, al hacer a Cristo centro de la vida, principio y fundamento, al ser transfigurados por el Señor y escucharlo en la palabra entonces volvemos a la vida ordinaria, la oración lejos de volverte ajeno de las realidades que tocan vivir y después de haber estado nosotros en ese monte de la transfiguración nos envía a los demás, nos envía al mundo, a ser luz que ilumina, sal que de sabor y dice el Papa ¿cómo podemos transmitir a los demás aquello que hemos vivido y compartido a solas con Cristo? Ante esto hay que pedirle al Señor nos de la gracia de ser hombres de oración, así siempre volver al mundo sin perder jamás la vista en las cosas eternas para también gestionar con la fuerza del Evangelio las cosas temporales.