“Desde las diferencias podemos construir la unidad”, Reflexionar monseñor Rolando Alvarez, para la semana:

“Desde las diferencias podemos construir la unidad”, Reflexionar monseñor Rolando Alvarez, para la semana:

5 junio, 2019 0 Por Josary Mayerling Vargas Vega

Hemos celebrado al iniciar esta semana, el séptimo domingo de pascua, yo le llamo a este día el domingo de la unidad de la Iglesia.

Cristo en la oración que escuchamos en el Evangelio proclamado en las Misa dominical dice: “Padre te pido que todos sean uno como tú y yo somos uno”. La gran unidad viene del Espíritu Santo, la unidad que Cristo otorga a su Iglesia como un don de amor es una unidad tan indivisible, única, sin fisuras, sin fracturas, no admite quebrantos porque está fundamentada en este ser una sola sustancia divina en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas distintas y un sólo Dios verdadero, esta es la consustancialidad, la sustancia divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es la unidad santísima, sacratísima que hay entre el Padre, el Hijo y Espíritu Santo que Cristo quiere, dobla y derrama sobre su Iglesia. Claro nosotros somos humanos y la Iglesia que es pecadora puede sentirse lastimada, es normal sentirse así. Esa unidad puede sentirse lastimada porque probablemente algún hermano levante su mano para señalar a la Iglesia así como fue conducida la mujer adúltera llevada a las plazas para ser apedreada, eso no debería asustarnos porque somos pecadores.

Ser lastimados es una cosa y fragmentados es otra, porque la división no tendrá nunca la última palabra, el Padre no permitirá la división.

La Iglesia es humana porque somos humanos los que la conformamos, aunque es el mismo Dios quien la conduce, el mismo Dios que la ilumina, es el mismo Espíritu que va conduciéndola por los caminos del mundo, y en medio de las turbulencias que se enfrentan, como lo soñó don Bosco, llevará un faro de luz hacia Cristo acompañados por la madre Auxiliadora de los cristianos, y la llevará a feliz puerto.

Por eso decía que es el día de la gran unidad de la Iglesia, y debemos invocar al Divino Espíritu para que siga derramando el Espíritu de unidad y derrame sobre nosotros los vínculos afectivos y efectivos, una unidad que no es doctrinal, que no es sólo del credo que profesamos, es una unidad afectiva, nos queremos nos amamos y tenemos que seguir aprendiendo entre nosotros a respetar nuestras diferencias, porque no está dicho y sería antievangélico pensar y querer que todos pensemos como si hubiésemos sido creado en serie y no enserio, sino sólo como un producto. El Señor al contrario nos creó así como somos aunque tengamos caídas, todos pensamos, amamos en la sabiduría eterna con sus propias características y diferencias es ahí en las sugerencias donde nos respetamos y dónde debe fortalecerse la gracia de la unidad, del amor y del cariño, la unidad en la doctrina y en el afecto aprendiendo a respetarnos en nuestras propias diferencias y es ahí donde podríamos interpretar la expresión de Cristo: “Que sean uno en nosotros”. El mundo al vernos que somos diferentes, vernos desde nuestras propias particularidades y viendo que desde ahí construimos está unidad no sólo doctrinal sino afectiva y respetándonos, el mundo cree, porque no sólo se descubre la expresión sobrenatural del Padre, Hijo y Espíritu Santo sino la unidad natural de nosotros mismos.

Está unidad tenemos que transmitirla al mundo a la sociedad, a nuestros compatriotas, a los nicaragüenses, transmitirla con nuestra palabra y con nuestra vida. Siempre he dicho que las diferencias no son un problema, son una riqueza donde se puede armonizar como en el mosaico, una obra de arte donde cada pieza tiene una originalidad y desde ahí la otra manera pueda ser contemplada como una belleza y hermosura o una gran orquesta sinfónica donde todos tocan un instrumento musical distinto pero se escucha una sola melodía.

Los nicaragüenses tenemos que aprender que desde la diferencia, no a pesar de la diferencia, somos capaces de construir una gran armonía, una gran unidad a la que se llega basándonos en el respeto a los planteamientos diferentes de los demás, respeto a las propuestas diferentes que puedan tener otros, respeto a los planes ideales que puedan tener otro, respeto a los derechos humanos empezando por la vida desde su fecundación, concepción hasta la muerte natural, respeto sagrado donde nadie se sienta dueño de dañar la integridad del otro, respeto a los derechos civiles y a los demás. Cuando se respeta puede construirse esta gran unidad y armonía.

Los nicaragüenses somos capaces de hacer, en nuestra historia de más de 190 años donde los antepasados han vivido épocas de oscuridad, han logrado alzar vuelo, ahora nos corresponde a nosotros con una visión más universal, renovadora y transformadora poder alzar vuelo y llegar a construir no ideales utópicos e irrealizables, sino ideales realizables, la utopía es un ideal que es capaz de realizarse, solos no podremos juntos lo lograremos.