El mal quisiera que nos diéramos por vencido ante el negativismo, ante el dolor y el sufrimiento

El mal quisiera que nos diéramos por vencido ante el negativismo, ante el dolor y el sufrimiento

8 agosto, 2019 0 Por Josary Mayerling Vargas Vega

Monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, visitó con mucho entusiasmo la comunidad «El Corozo», cuya jurisdicción pertenece a la parroquia San Pedro Apóstol-Matiguás. Durante la visita al lugar ubicado en las profundidades de las montañas, fue recibido por fieles de la zona e incluso por muchos que caminaron hasta cinco horas para encontrarse con su Pastor, el 7 de agosto.

Luego de participar en el acto cultural de bienvenida, presidir la Santa Misa, Hora Santa y almorzar, por la tarde dirigió «La Asamblea de Pastoral con el Obispo», que reúne a los cuadros pastorales de la zona con quiénes abordó los temas de Evangelización, Misión, Catequesis y Enfermos.

Durante la homilía indicó que es importante meterse en el drama del Evangelio del día según San Mateo (15, 21-28), cuando la cananea seguía a Jesús suplicando: «Señor hijo de David ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio», Jesús no le contestó ni una sola palabra; pero los discípulos desesperados porque la mujer iba detrás suplicando, le ruegan a Jesús que la atienda, y él respondió: «Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel», en un acto de fe la mujer no se da por vencida, insiste y se postra ante el Señor diciendo: «Señor ayúdame». Él le respondió algo terrible: «No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perritos», ella le contestó: «Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos», en esto Jesús responde: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas».

Aquí explicó que con la repuesta de la cananea cambia la historia, porque a la única persona que Jesús llama mujer es a su madre, y ahora a la cananea elevándole la dignidad también le llama mujer. Viene otra lección: «Que se cumpla lo que deseas», dándole al deseo de ella poder de liberación, ese es el trato que el Señor termina dando y ese es el poder que otorga. Ante esto recordó que el Señor sabe como tratar a cada uno de nosotros, sabe como tratar a cada quien de una u otra manera, sabe de qué material estamos hechos cada uno, el Señor nunca le dará a alguien una prueba que no pueda soportar, el Señor sabía que esta mujer del Evangelio no se iba a quedar en el camino, que llevaría la conversación hasta el final y que nos quedaría a nosotros por los siglos de los siglos como un modelo a seguir.

«El Señor da a todos una bendición y gracia especial, pero esto también depende de cada uno de nosotros, porque el Señor nos respeta y sabe quien puede soportar este o cual sometimiento de prueba, el Señor da a todos gracias especiales, pero seamos sinceros: Algunos nos corremos ante la prueba y hasta dicen al Señor: ‘No me trates así que no aguantaré’, esto en cuanto a la relación personal con Dios».

«También ante el texto pienso en Nicaragua, el Señor nos está crisolando a los nicaragüenses como se quema el oro y la plata en el fuego. Nicaragua está siendo cribada como se criba el trigo, y acrisolada en el fuego, pero después de este dolor que estamos pasando resultarán muchos frutos, el trigo llega a ser tan puro que se vuelve un pan que alimenta, que sostiene y sustenta, y la plata con el oro acrisolados en el fuego terminan resplandecientes, Nicaragua está sometida en una gran prueba. Hay una batalla entre el bien y el mal como pasaba con esta mujer, el mal no quería que esta mujer siguiera, que insistiera al Señor, el mal quiere que Nicaragua no llegué hasta el final, que ya no siga la lucha, que nos dejemos vencer por el negativismo, por la indifierencia y que tiremos la toalla diciendo que ante el negativismo, sufrimiento, dolor y prueba digamos ya no se puede más».

«En esta batalla espiritual hay grandes tentaciones de las que debemos estar muy atentos: La tentación de la desesperanza, un pueblo desesperanzado es un pueblo sepultado, porque el que ya perdió la esperanza, perdió las ganas de vivir. Otra tentación es el odio, un pueblo que odia se autodestruye, nosotros no podemos permitir eso aunque exista ya gente en Nicaragua que tiene odio, sed de venganza y están dispuestos a matar, eso es cierto porque al demonio le interesa que nos llenemos de odio, de venganza, pero en nombre de Dios eso no sucederá, eso no es lo que desea el Señor quien nos pide que al que desea la muerte le deseemos la vida».

«Una tentación más entre el pueblo es el miedo que deja inmóvil, paralizado sin presente ni futuro, esto es una tentación terrible, y la cuarta tentación es la indiferencia que lleva al olvido de los demás, y en muchas ciudades lastimosamente hay gente que anda viviendo como que si no pasa nada, y la indiferencia es demoníaca y entonces ante estas cuatro tentaciones el Señor propone cuatro virtudes: Ante la desesperanza la esperanza cristiana, el mundo creyó que Cristo moría y que era vencido, pero en él nace la vida eterna, esa es la esperanza que tenemos para Nicaragua».

Ante el odio el Señor nos propone el amor que es invencible, nadie puede vencer al amor, el mundo cree que Goliat es el invencible y David con una piedra lo bajó, el mundo cree que los Goliat son los invencibles y el amor es el invencible. Ante el miedo el valor se contrapone, la valentía se contrapone, y nosotros no queremos ser valientes según el mundo, no es ese valor el que necesitamos, eso es ser insensatos y necios, la valentía y el amor del que hablamos es el que el Señor dijo a los discipulos: ‘Animo no tengan miedo que soy yo’, ese es el valor del Evangelio, el del Resucitado, y si Cristo venció nosotros venceremos. Y ante la indiferencia hermanos y hermanas la caridad y misericordia se contraponen. El Señor nos ayude a ser un pueblo de esperanza, valor y caridad, entonces con Cristo seremos más que invencibles», concluyó.

 

Diócesis de Matagalpa.