Uno de los acontecimientos más importantes de la Iglesia es siempre la celebración de un Consistorio para la creación de nuevos cardenales, como el que se celebró este 28 de junio en la Basílica de San Pedro en el que el Papa Francisco creó 14 nuevos provenientes de todo el mundo a los que invitó a estar siempre al servicio de los demás.

En su homilía, el Obispo de Roma invitó a no vivir atrapado en “intrigas asfixiantes” que lo único que hacen es secar y resaltó que “ninguno de nosotros debe sentirse ‘superior’ a nadie”.

“Ningunos de nosotros debe mirar a los demás por encima del hombro, desde arriba. Únicamente nos es lícito mirar a una persona desde arriba hacia abajo, cuando la ayudamos a levantarse”, afirmó.

El Papa manifestó que “los momentos importantes y cruciales en la vida dejan hablar al corazón y muestran las intenciones y las tensiones que nos habitan” y “tales encrucijadas de la existencia nos interpelan y logran sacar a la luz búsquedas y deseos no siempre transparentes del corazón humano”.

El Pontífice utilizó el Evangelio para lanzar un mensaje a los nuevos purpurados y recordó cómo los discípulos albergaban en su corazón “la búsqueda de los primeros puestos, celos, envidias, intrigas, arreglos y acomodos”. En definitiva, “una lógica que no solo carcome y corroe desde dentro las relaciones entre ellos, sino que además los encierra y enreda en discusiones inútiles y poco relevantes”.

Francisco entonces preguntó: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro?, ¿de qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión? En esta situación —como alguien hacía notar— se podrían vislumbrar ya las intrigas palaciegas, también en las curias eclesiásticas”.

El Papa invitó a “no dejarse derrotar y encerrar por lógicas mundanas que desvían la mirada de lo importante”.

“Así Jesús nos enseña que la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia siempre es y será en clave misionera, pues supone dejar de ver y velar por los propios intereses para mirar y velar por los intereses del Padre”.

El Papa añadió que la conversión significa superar “nuestros egoísmos” y tener plena disponibilidad “a crecer en fidelidad y disponibilidad para abrazar la misión”.

Francisco también solicitó no convertirse “en exquisitos expulsivos” y evitar “estrechez de miradas”. “Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de nuestros hermanos, nuestra vida se clausura en la búsqueda de los propios intereses y seguridades”, subrayó.

A su parecer, “así comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón” y “poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor. Así se pierde la alegría, y se termina secando el corazón”.

El Papa recordó que la Iglesia está llamada a “sanar” heridas y dar una “esperanza tantas veces dañada”.

“El Señor se nos adelanta para recordarnos una y otra vez que la única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo”.

“Esa es la mayor condecoración que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede otorgar: servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas”, añadió.

ACI prensa