“Yo soy el pan de vida, el que viene a mí no tendrá hambre, y que cree en mí nunca tendrá sed”, Juan (6, 24-35). De esto podemos decir que Cristo en la Eucaristía es punto de encuentro, causa de unidad e identidad nuestra.

Punto de encuentro: Porque nuestras miradas, pensamientos, sentimientos, ser, sentir, nuestra vida se centra en el Señor, por tal razón unos y otros, los de un lado y los de otro con diversos pensamientos nos encontramos en Cristo. Cristo Eucarístico es fuerza atractiva que nos cautiva y conmueve, y todos dejándonos cautivar y promover ahí nos miramos y encontramos, siendo un encuentro donde todos nos podemos ver a los ojos sin miedo, porque ahí nos une una realidad divina.

Los católicos tenemos un punto de encuentro que nada es capaz de destruir, un punto de encuentro que todos hallamos en la Eucaristía. No hay para nosotros un punto más grande que el que encontramos en la Eucaristía, por eso renovados y con esperanza nueva vamos al encuentro del Señor, al encuentro con nuestro Dios. Que vital se hace la Eucaristía en la vida personal, familiar, en la sociedad y en la vida del pueblo, porque en ella hallamos una roca que nadie puede mover, Cristo es nuestra roca y nos hace sentirnos seguros en medio de las tribulaciones, porque nada ni nadie puede movernos de él.

Unidad: Al contemplarlo a él y encontrarlo a él, también nosotros nos hacemos uno con él y uno entre nosotros, esa es la importancia de la Eucaristía en la vida personal, familiar, en la sociedad y en la vida del pueblo, es más cuando vemos dispersión y empezamos a creer en ella podríamos estar equivocados porque Cristo en la Eucaristía nos une como un sólo pueblo y rebaño en Cristo; la Eucaristía nos une como un sólo pueblo y rebaño en Cristo que vive y reina por los siglos de los siglos.

Estas son experiencias sobrenaturales nacidas en la revelación bíblica y divina, de tal manera que nuestra gran causa de unidad como pueblo es Jesús sacramentado.

La Eucaristía como causa de identidad: “Tomen y coman este es mi cuerpo, tomen y beban esta es mi sangre derramada por ustedes”. La Eucaristía nos hace volver a nuestros orígenes; venimos como nueva alianza de la sangre derramada, del sacrificio de Cristo, y cuando un pueblo vuelve a su origen y lo actualiza, ese pueblo renueva su identidad y reconoce quien es él, por lo tanto Cristo nos permite renovar la identidad de ser pueblo de Dios.

En momentos de dispersión acudamos a Jesús sacramentado ahí descubriremos y renovaremos nuestra identidad y descubriremos que si Cristo murió y resucitó nosotros también lo haremos.

Pienso también en los hombres y mujeres de buena voluntad que no son católicos, a ellos les aconsejo que en su culto donde alaban a ese Dios invisible encuentren su unidad y renueven su identidad; pienso en los agnósticos ahí en su conciencia encuentren la unidad e identidad, también pienso en los artistas que en su arte encuentren la unidad e identidad, igual el escritor que en su pluma descubra la unidad e identidad, el dibujante que en sus dibujos de igual forma las pueda encontrar, también el cantautor en sus melodías y el campesino en su trabajo.

Hermanos: Esta es la hora del encuentro, de la unidad y de la identidad de nuestro pueblo.

Fuente: Diócesis de Matagalpa