Al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo, debemos comulgar con los hermanos. La comunión con la cabeza nos hace comulgar místicamente, misteriosamente con el cuerpo, por lo tanto al comulgar a Cristo entramos místicamente en comunión con los demás, y para el cristiano eucarístico todos los hombres sin distinción son sus hermanos y hoy queremos proclamar eso nuevamente: Todos los hombres sin distinción alguna, son nuestros hermanos.

Dice el texto del capítulo 6 de San Juan: “Este modo de hablar es intolerable”. Y hay en la actualidad, discípulos de Cristo que dirán lo mismo, y esto sucede por ver como un pueblo que es pueblo de Dios, encuentra en Cristo la razón para considerar al otro como hermano; sigue siendo este modo incomprensible ¿Porqué de dónde podemos adquirir la convicción y fuerza que al mal le respondemos con el bien, de dónde? De Cristo Eucaristía.

Quisiera seguir esta reflexión tomando algunas palabras del papa Francisco, quien dice que el lenguaje del amor, del perdón y de la reconciliación que es serio y radical pone en crisis la mentalidad, y cuando el cristiano ante todo trata con amor lo hace porque no seguimos una idea sino a una persona, Cristo Jesús Nuestro Señor.

Hermanos: Siempre las palabras de Jesús hacen entrar en crisis ante el mundo, porque lo único que el mundo debe esperar de nosotros es el amor, y para superar esas crisis hay tres claves: Su origen Divino: Cristo es de origen divino, viene del Padre y no hay otro nombre por el cual somos salvados que el nombre del Señor, y no hay otro hombre ante el cual nos inclinamos más que nuestro Señor Jesucristo.

La palabra se pueden comprender sólo a través de la acción del Divino Espíritu que da vida: El amor eucarístico del Señor saca fuera y expulsa del corazón cualquier resentimiento y mal sentimiento, esto me permite decirles que ante la situación que vivimos donde se habla de alcanzar sanación interior, les puedo asegurar que la primera manera de alcanzarla es la oración.

La verdadera causa de la incomprensión de su palabra es la fe: Hay gente que no cree que estamos adheridos a la palabra del Señor, y cuando alguien ha puesto su vida en el Señor, además de creer en Cristo, nunca pierde la esperanza.

Por eso quien centra su vida en Cristo, para quien Cristo es lo primero; quien ha comprendido que primero el reino de Dios y lo demás viene por añadidura, y para quien tiene a Cristo como su único Señor, puede decir como Josué, en la primera lectura del pasado domingo: “Mi familia y yo serviremos al Señor”. Y como Pedro en el Evangelio: “Señor, ¿a quién iremos?, Sólo tú tienes palabras de vida eterna, hemos creído que tú eres el hijo de Dios”.

Fuente: Diócesis de Matagalpa.