Monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa visto la comunidad el Junquillo.

La comunidad “El Junquillo”, en la parroquia San José de Terrabona se ha caracterizado en los últimos años por producir vocaciones a a la vida sacerdotal, puesto que tienen actualmente 3 seminaristas en los diversos niveles de formación y varios aspirantes. Mientras que como parroquia a nivel general poseen 8 seminaristas.

Por tal razón monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa dejó en su agenda pastoral, en medio del estado de emergencia que vive la Iglesia en el país, un día para ir a esa comunidad, reunirse con los jóvenes y realizar un “Encuentro Vocacional” acompañado por seminaristas de la zona, por el padre Edwin Rodríguez, rector del seminario, el padre Freddy Zambrana, párroco y el diácono Sadiel Eugarrios.

Luego del recibimiento y durante su intervención monseñor Rolando Alvarez, se basó en las expresiones de una niña quien en el acto cultural de bienvenida dijo: “Monseñor, ayudanos a celebrar y conocer el misterio de salvación a profundidad, y que la liturgia sea bien hecha y digna, que nos ayude a amar a los pobres en el mundo actual”. De esto el Obispo indicó que la expresión contiene las claves sacerdotales para un joven que quiere ser sacerdote donde aspira a conocer mejor el misterio salvífico de Cristo.

“El muchacho que ingresa al seminario pasa diez años de formación, tiempo en que aspira a conocer el misterio de salvación de Cristo, pues para dar a Cristo debe irlo conociendo porque nadie da lo que no tiene, y les digo algo: Estos años pasan rápido”.

“Una vez conociendo el misterio de salvación con profundidad en el seminario, el sacerdote empieza a conducir al pueblo de Dios en este misterio para que también ellos se hagan uno con Cristo y produzcan frutos, pues la Iglesia sacia de esa sed de Dios con la predicación, con los sacramentos y vivencia en la caridad, en la comunidad, enseñando a celebrar dignamente la liturgia para que desde ella podamos amar a los pobres”.

En este punto monseñor Alvarez, recordó que el amor que ofrecemos no procede de ideologías y proyectos políticos, al contrario para amar a los pobres necesitamos alimentarnos de Cristo, en el cuerpo y la sangre del Señor donde se experimenta el amor de Dios estando atentos al mundo, a Nicaragua, a nuestra ciudad o comunidad porque necesitamos llevar a ese mundo el amor de Dios porque si no sabemos lo que pasa en el mundo, “¿Cómo llevaremos el amor de Dios? Lo estaríamos llevando a otro mundo y no al de ahora, al que se vive porque se llevaría a una realidad que no se está viviendo, porque dice San Pablo: ” Demuestrame tu fe con palabras que yo te la demostraré con obras”.

“El amor a la gente, a los pobres es necesario llevarlo al mundo que estamos viviendo, por eso la Iglesia en Nicaragua, en Matagalpa hemos dicho que tenemos que ser una Iglesia de puertas abiertas para auxiliar a todo el mundo sin distinción salvando vidas, cargando muertos, trasladando heridos a los hospitales, sanando heridas, orando por los exiliados por quienes de comunidades y municipios se han ido a otros lugares, este es un amor llevado a la gente en su mundo actual”.

“Esto ha pasado con los sacerdotes que han tenido que exponer su vida en Nicaragua aunque muchos no nos comprenden y reconocen pero no se preocupen que Cristo ya lo había predicho, y nuestros sacerdotes han tenido que exponer su vida para salvar al pueblo de Dios. Ahora estamos ayudando a sanar al pueblo para que nadie guarde odio en el corazón, acompañar al pueblo y decirles: No hagan daño aunque pensemos distintos debemos ser hermanos”, enfatizó.

En este punto recordó que llega a decirle a los jóvenes que vale la pena, que es bello ser sacerdote, uno se hace cura para entregarse a la gente, y aseguró que muchos jóvenes sacerdotes se están enamorando más de serlo, y aunque antes la gente pensaba que el sacerdote sólo es de sacristía y ahora se ven en todas partes tendiendo la mano a todo el mundo. De ahí que durante los años de formación el muchacho va haciendo discernimiento para saber si es su vocación.

Finalmente dirigiéndose a las muchachas explicó que la misión de la religiosa es auténtica a la del sacerdote, es consagrarse a Dios para entregarse al pueblo, llevando al pueblo el amor de Dios.

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