«Navidad es un acontecimiento de luz que nos abre a la paz y a la esperanza». Homilía de monseñor Rolando Alvarez, durante la Misa de Nochebuena el 24 de diciembre en Catedral San Pedro de Matagalpa

«Navidad es un acontecimiento de luz que nos abre a la paz y a la esperanza». Homilía de monseñor Rolando Alvarez, durante la Misa de Nochebuena el 24 de diciembre en Catedral San Pedro de Matagalpa

26 diciembre, 2018 0 Por Josary Mayerling Vargas Vega

«Navidad es un acontecimiento de luz que nos abre a la paz y a la esperanza». Homilía de monseñor Rolando Alvarez, durante la Misa de Nochebuena el 24 de diciembre en Catedral San Pedro de Matagalpa:

Al pueblo doliente, que, se le apareció «una gran luz», porque la luz que irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Acaso no se ha complacido Dios en el hombre cuando después de haberlo creado, «vio que era bueno?» (Gen 1, 31).
La Navidad es acontecimiento de luz. La luz del Nacimiento no hiere a los ojos, no es impersonal, es una luz que penetra con dulzura y ternura en los corazones y nos trae la paz. En todos los corazones sin excepción. Es muy difícil pensar que pueda haber, existir una persona que ante la dulzura de esta luz, no se deje enternecer el corazón.

En el Niño de Belén se realiza el encuentro entre Dios y el hombre, inaugurando una nueva etapa de la historia en la que todo lo creado ha sido llamado al encuentro, al perdón, a la reconciliación, a la paz, “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”, es el anuncio realizado en la noche de Belén. Esta nueva etapa de la historia no fue inaugurada sólo desde hace más de dos mil años; también se inaugura esta noche, porque esta noche es Navidad.

Ha nacido Aquel que fue anunciado por los profetas e invocado constantemente por cuantos «habitaban en tierras de sombras». En la oscuridad de la noche, la Luz se hace Palabra y Esperanza. Esta realidad que es eterna, contrasta con la nuestra, temporal y pasajera. Pero aquí reside el reto de la fe, que convierte este anuncio en consuelo y al mismo tiempo, exige, porque la fe nos hace sentirnos abrazados por el tierno amor de Dios y al mismo tiempo nos compromete en el amar a Dios y a los hermanos. Así, esta Luz, esta Palabra y esta Esperanza, se hacen cuerpo, vida, mundo, historia actual.

En esta noche se afianza nuestra fe en el poder redentor de la Palabra hecha carne que derrota el mal y que nos libera de la esclavitud de la muerte. Nos toca a nosotros vencer con Él el misterio del pecado y de la maldad, haciéndonos partícipes activos de la solidaridad y la construcción de la paz. Él nos libera de las tinieblas del mal y nos pide que ofrezcamos nuestra contribución concreta para que se realice su designio de salvación, su designio de paz, su designio de esperanza. La Navidad nos abre a la paz y a la esperanza.

El Niño acostado en la pobreza de un pesebre es la señal de Dios. Es la señal de esperanza para toda familia, para todo pueblo, para la humanidad. Dios se ha manifestado como niño, así se contrapone a toda violencia, a toda soberbia, a toda vanidad; quién podrá temer a un niño acostado en un pesebre? Este Niño “es señal de paz para cuantos sufren a causa de todo tipo de conflictos; señal de liberación para los pobres y los oprimidos; señal de misericordia para quien se encuentra encerrado en el círculo vicioso del pecado; señal de amor y de consuelo para quien se siente solo y abandonado” (San Juan Pablo II, 24 de diciembre de 2002 ). Dios ama perdonando, derramando su misericordia, liberando y sanando. Esto es la Navidad, esta es la paz, es la esperanza cristiana que colma nuestro corazón y que sacia los anhelos más hondos de nuestra vida.

Debemos dejarnos sorprender siempre de este misterio; percibir esta fuerza liberadora, esta fuerza sanadora, esta fuerza consoladora. Pero si miramos al mundo de hoy, donde Dios está ausente, debemos constatar también que el mundo está dominado por los miedos, por las incertidumbres, por la desesperación. Esto nos invita a nosotros a que nos dejemos sorprender y a llenarnos de la ternura del Aquel que nace para caminar con la luz que brilla y perdura aún en medio de las tinieblas y las oscuridades.
“¡Cristo ha nacido por nosotros, venid, a adorarlo! Vamos hacia Ti, en este día solemne,dulce Niño de Belén, que al nacer has escondido tu divinidad para compartir nuestra frágil naturaleza humana. Iluminados por la fe, Te reconocemos como verdadero Dios encarnado por amor nuestro. ¡Tú eres el único Redentor del hombre!

Ante el pesebre donde yace indefenso, que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; 
que se apaguen tantos focos de tensión, que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas,respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos. 
Niño de Belén, Profeta de paz, alienta las iniciativas de diálogo y de reconciliación, apoya los esfuerzos de paz que aunque tímidos, pero llenos de esperanza, se están haciendo actualmente por un presente y un futuro más sereno ¡Por doquier se ve la necesidad de paz!
Tú, que eres el Príncipe de la verdadera paz, ayúdanos a comprender que la única vía para construirla 
es huir horrorizados del mal 
y buscar siempre y con valentía el bien. ¡Hombres de buena voluntad, venid con confianza al pesebre del Salvador! 
«No quita los reinos humanos quien da el Reino de los cielos» (cf. himno litúrgico). 
Llegad para encontraros con Aquél que viene para enseñarnos el camino de la verdad, de la paz y del amor” (Cf. Juan Pablo II, 25 diciembre 2004).

Amadísimos, acerquémonos al Misterio de Belén, dejémonos iluminar, dejémonos inundar de la luz de Cristo. Adoremos al Hijo de Dios, que ha nacido. Hoy hermanos y hermanas ha descendido la Paz sobre nosotros. Ha nacido el Salvador.

De todo corazón deseo que este misterio de amor, paz y esperanza inunde toda la vida de nuestra amada Nicaragua.