Del texto del Evangelio del pasado domingo según san Juan (6,1-15) quisiera subrayar tres llamados que el Señor nos hace: Corresponsabilidad, sensibilidad del Señor con la necesidad de su pueblo, y la certeza y seguridad que Cristo nos da con su presencia entre nosotros y con nosotros a través de la historia y de los siglos.

Corresponsabilidad: Pienso que se ilustra muy bien en dos imágenes que nos presenta el evangelista San Juan, la primera de ellas es cuando Jesús viendo que mucha gente lo seguía le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman estos?” y el mismo evangelista Juan como queriendo responder a la pregunta, más que clarificarla dice: “Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues este ya sabía lo que iba a hacer”. Cristo no quiere que los apóstoles se queden al margen de la situación y circunstancia vivida en aquel momento.

Hay otra imagen en el texto que ilustra muy bien en este aspecto fundamental que reflexionamos y es la del muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados, y como sabemos los pone a disposición del Señor. A raíz de esta disponibilidad del muchacho, de responder a la necesidad y hacerse corresponsable, a raíz de esto es que el Señor obrará el milagro.

Cuanta importancia tiene entonces nuestro compromiso con la historia, nuestra corresponsabilidad con las situaciones y circunstancias que corresponden vivir para que el Señor a partir de ahí pueda seguir obrando los milagros que quiera realizar por su pueblo.

Hay diversas tentaciones en las que he querido advertirles a ustedes de no caer en ellas, porque son tentaciones que pretenden herir el grado de implicación, servicio y corresponsabilidad que cada quien debe tener en este momento histórico que toca vivir. La primera tentación es la de miedo, el pánico y terror. Yendo a la raíz literal de estas tres palabras encontramos que el miedo es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, y cuantas personas, cuantos nicaragüenses en este momento podrían estar cayendo en la tentación del miedo, angustiados por la presencia de un peligro que puede ser real o imaginario que puede estar en la mente; un peligro que ya se volvió un trauma, un fantasma que nos inhabilita y no nos permite estar hábiles.

El pánico es el acceso brusco del miedo, es como un nivel mayor del miedo, ya cuando la persona ha comenzado a ser encadenada por el miedo, ese es el pánico, ya no se tiene angustia sino que se ha empezado a ser presa del miedo. El terror para ser literal es el miedo en escala máxima, la persona aterrada está totalmente inhabilitada, encadenada, ya no puede dar pasos, no digo firmes porque ya ni siquiera los da, imagínese como esta tentación puede filtrarse en nuestros pensamientos, sentimientos en nuestra forma de ser al punto que puede trastornar nuestra personalidad, sea el miedo, el pánico o terror puede hacer que una persona, familia, comunidad, pueblo o sociedad se vea trastornada en su personalidad e identidad, debemos en nombre del Señor rechazar el miedo, el pánico y el terror.

Hay gente que ya ha dejado entrar esta tentación y pídale al Señor que sea liberado de ella, porque moralmente se puede llegar a ser esclavos del miedo, del pánico y del terror, y ¿cómo una persona va a llegar a ser corresponsable sintiéndose implicado en aquella situación siendo presa de cualquiera de estas experiencias humanas, naturales pero no sanas? Experiencias que inmovilizan a la persona, deshabilitan a la persona, por eso les recuerdo lo que el resucitado dice y además el papa Juan Pablo ll lo subrayó al iniciar su pontificado: “No tengan miedo”.

La tentación de la indiferencia que es gravísima completamente, y el santo padre hablando al respecto dice que al querer dejarle a otros la responsabilidad, al querer pasar por alto la responsabilidad, al querer mirar de lejos únicamente para que sean otros los que se hagan responsables de aquello, se le puede llamar con guantes blancos, que es pasar inadvertidos, en buen nicaragüense dejar que sean otros los que se quemen, que den la cara, que sean otros los que se arriesguen, arriesguen la vida, la libertad y el dinero, pero mi vida, libertad y dinero que nadie me los arriesgue, eso es ponerse guantes blancos, querer quedarse al margen de la historia, del camino, al margen de todo; es la tentación de querer quedarse cómodo a la orilla del camino mientras sean otros que paguen el precio, eso para el cristiano es inamisible, el cristiano como un muchacho dice: Aquí están mis cinco panes y dos peces para que Cristo haga el milagro.

Quiero referirme a una tentación que igualmente estropea la verdadera corresponsabilidad cristiana, la evangélica, la que quiere el Señor, es la tentación del odio, querer llenar el corazón de odio y el cristiano no odia, siempre ama, aunque sea maltratado ama, porque la justicia en Cristo se llama misericordia y a la tentación del odio se le vence con el amor misericordioso de nuestro señor Jesucristo.

El segundo aspecto fundamental es el de la sensibilidad del Señor, que se da cuenta que hay un mar de gente hambrienta y eso el Señor no lo pasa inadvertido, eso el Señor lo siente en su corazón, ¡qué hermoso tener a un Dios que no es insensible!. Queridísimos nosotros tenemos a un Dios que siente en su corazón nuestro dolor, Dios siente en su corazón nuestro dolor, él padece con nosotros, camina con nosotros, va con su pueblo, construye la historia con nosotros, que no se les olvide eso, en momentos de oscuridad en que la historia se les viene abajo, cuando no vean una salida, cuando crean que ya no hay nada que hacer recuerden: Dios está con nosotros, Dios siente con nosotros y camina con nosotros, y siempre que Dios esté a nuestro lado habrá esperanza y la esperanza no la perdemos porque Dios está con nosotros.

El tercer aspecto es la presencia del Señor siempre con su pueblo, Jesús tomó los panes dio gracias a Dios, los repartió entre los que se habían sentado a comer, igualmente fue dando de los pescados, y vean que hermoso que luego que todos se saciaron dijo: “Recojan de todo lo que ha sobrado, y de todo lo que recogieron llenaron doce canastos”, porque doce son las tribus de Israel, doce son los apóstoles, y esos canastos es la promesa del Señor de seguir alimentando a su pueblo, de seguir haciendo el milagro, de seguir alimentando a las multitudes, de seguir caminando siempre junto a nosotros.

Quisiera terminar con unas palabras del cardenal Miguel Obando y Bravo en un tiempo de la historia de Nicaragua: “Avanza Nicaragua hacia Cristo redentor del hombre y Señor de la historia, te precede María estrella de los mares, refugio de los navegantes, puerto de salvación, te impulsa el viento del Espíritu que guía las nave de la Iglesia, como antaño condujo a las playas de América las carabelas de santa María bajo la mano firme de Cristóbal Colon. Camina Nicaragua presurosa hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, para escribir con la palabra y la gracia de Cristo nuevas páginas de la historia de la salvación. Nicaragua, Nicaragua cristiana, Cristo es tu faro luminoso, tu gozo, tu esperanza. Bendita seas Nicaragua.

Diócesis de Matagalpa.

Redacción de: Manuel Obando.