Papa Francisco: No somos animales, somos hijos de Dios bautizados

El Papa Francisco, durante la Misa celebrada este martes 4 de septiembre en la Casa Santa Marta, destacó la importancia de hacer examen de conciencia para conocer lo que ocurre en el corazón y ser capaces de avanzar movidos por el Espíritu Santo y no por el instinto: “No somos animales, somos hijos de Dios”, afirmó.

El examen de conciencia, aseguró el Papa, permite “conocer qué es lo que sucede en el corazón. Si no lo hacemos, si no sabemos qué ocurre en nuestro corazón, y esto no lo digo yo, lo dice la Biblia, seremos como animales que no comprenden nada y que sólo avanzan por instinto. Pero no somos animales, somos hijos de Dios, bautizados con el don del Espíritu Santo. Por ello es importante comprender qué sucede hoy en mi corazón”.

El Santo Padre explicó que “hay dos espíritus, dos modos de pensar, de sentir, de actuar: aquel que me lleva al Espíritu de Dios, y el que me lleva al espíritu del mundo”.

“Esto sucede en nuestra vida: todos nosotros tenemos estos dos ‘espíritus’, digámoslo así. El Espíritu de Dios, que nos lleva a las buenas obras, a la caridad, a la fraternidad, a adorar a Dios, a conocer a Jesús, a hacer muchas buenas obras de caridad, a rezar”.

Y, por otro lado, “el espíritu del mundo, que nos lleva a la vanidad, al orgullo, a la suficiencia, a las murmuraciones”.

“Nuestro corazón, decía un santo, es como un campo de batalla, un campo de guerra donde luchan estos dos espíritus”. Por lo tanto, “en la vida cristiana se debe combatir para dejar espacio al Espíritu de Dios, echar al espíritu de lo mundano”.

“Es muy sencillo: tenemos este gran regalo, que es el Espíritu de Dios, pero somos frágiles, somos pecadores y tenemos también la tentación del espíritu del mundo. En este combate espiritual, en esta guerra del espíritu es necesario ser vencedores como Jesús”, subrayó.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

I Corintios 2:10-16
10 Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios.
11 En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado,
13 de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales.
14 El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.
15 En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle.
16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

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