“Propuesta para una Cultura de Derechos Humanos en Nicaragua”. Monseñor Rolando Alvarez, en Misa dominical el 2 de septiembre

1. Respeto sagrado e irrestricto a la vida humana, desde el primer instante de su ser natural, pasando por todas y cada una de sus fases y etapas, hasta su muerte natural. Nadie tiene derecho de quitarle la vida a otra persona. El crimen contra alguien, es un crimen contra Dios, de quien todos somos imagen y semejanza de Dios y El es nuestro Padre y todos somos hermanos.

2. Respeto sagrado e irrestricto a la dignidad de la persona humana. Esta dignidad nace y se fundamenta en que somos creados por Dios y llevamos su impronta, su sello divino. Cada ser humano, tiene algo de divino. Llevamos en nuestro ser un aliento de Dios.

3. Respeto sagrado e irrestricto a la buena fama del otro. Nadie tiene derecho de “robarle” al otro su fama. Todos tenemos la obligación de cuidar y tutelar la dignidad de cada ser humano. Evitar la difamación, la calumnia, el señalamiento, el ante juicio y el prejuicio, que siempre dañarán al otro y rompe los vínculos entrañables y misteriosos de la fraternidad, la hermandad y la solidaridad, que por naturaleza nos unen.

4. Respeto sagrado e irrestricto a la integridad moral del otro. La intromisión en la vida o el ámbito privado de los demás, representa una ruptura de uno de los aspectos más delicados de la convivencia humana. En este punto, la ética en las redes sociales y en las comunicaciones en general, es vital, fundamental y esencial para generar una cultura de respeto y encuentro. Debemos terminar con una especie de “guerra” presente en las redes. Evitar, por otro lado, todo lenguaje que incite a la violencia, al odio o a la venganza. Debemos encontrarnos, mirándonos “a los ojos, sin tenernos miedo, sin humillarnos y sin sentirnos extraños, para que ahí, nazca una realidad divina”.

5. El respeto sagrado e irrestricto a las pertenencias y propiedades privadas y públicas. Un pacto social en el que recordemos que “el respeto al derecho ajeno, es la Paz”. En nuestra cultura debe imperar el respeto a la propiedad, que siempre tiene una “hipoteca social” (SS Juan Pablo II, cf. SRS, 42).

6. Respeto sagrado e irrestricto a las libertades fundamentales de todo hombre. Cuidar y tutelar cada libertad es una responsabilidad de todos. La lesión a una de estas libertades, es una lesión a todas las otras libertades. Sólo hay auténtico respeto a las libertades fundamentales, cuando se respeta cada una ellas.

7. Respeto sagrado e irrestricto a la familia y su integración, como “célula primera y vital de la sociedad” (Decr. Apostolicam actuositatem, 11). La familia es sagrada. La familia representa el pasado, el presente y el futuro de una sociedad. El pasado porque en los abuelos está la memoria (cf. Discurso Papa Francisco a los abuelos, septiembre 2014). El presente porque en los jóvenes se encuentra la actualidad vital. Y el futuro, porque en los niños está el porvenir. Debemos preguntarnos: qué estamos heredando a las futuras generaciones? La cultura de la paz, de la convivencia y de la tolerancia, en esta nuestra Patria que es de todos, en esta tierra que es de todos y para todos, nace, crece y se desarrolla en la familia donde se deben cultivar los valores morales y cívicos que deben regir a una sociedad. La sana relación entre adultos y jóvenes, nos permite entrar en un cauce, en el que se encuentre la experiencia y la madurez, con la fuerza y la sana rebeldía.

8. Respeto sagrado e irrestricto a las condiciones básicas y elementales para vivir dignamente: casa, escuela, salud, alimentación. En este sentido, la economía debe velar siempre por el bien común y sentar las bases para salir de la extrema pobreza. Una economía auténticamente solidaria, donde el fundamento sea la dignidad inviolable del ser humano, del trabajador, del obrero, del campesino.

9. Respeto sagrado e irrestricto al pensamiento. Todos pensamos distinto y hasta diferente. La capacidad de dialogar en esa distinción y diferencia, manifiesta y demuestra el grado de desarrollo de una sociedad; el grado de crecimiento humano de la organización social y el grado de humanismo que mueve a una sociedad. El pensar diferente nos enriquece, no nos empobrece; nos acerca, no nos separa; nos une, no nos divide.

10. Respeto sagrado e irrestricto a formarse su propio criterio de las situaciones, circunstancias y acontecimientos que nos tocan vivir en nuestra historia personal, familiar y social. Estos criterios se van forjando desde una educación para la libertad, donde el protagonista fundamental, sea la persona humana. Posibilitar los elementos necesarios, para que cada quien, vaya desarrollando su conocimiento y visión del mundo, del hombre e incluso del mismo Dios.

Fuente: Diócesis de Matagalpa

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