Venezuela peregrina al Santuario del Cristo de la Grita: ¿Hasta cuándo Señor?

Venezuela peregrina al Santuario del Cristo de la Grita: ¿Hasta cuándo Señor?

8 agosto, 2019 0 Por Josary Mayerling Vargas Vega
Cada 6 de agosto, día de la transfiguración del Señor, miles de fieles venezolanos peregrinan al Santuario del Santo Cristo de la Grita. Algunos caminan por horas, incluso por días para venerar al Cristo y para descubrir, a través de su representación -una bellísima talla de 409 años- el mensaje vivo de la palabra de Dios. Nos lo narra el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Monseñor Mario Moronta, que cada año guía la celebración. A él le preguntamos ¿cuánto cala hondo la fe, en este momento tan crucial de crisis que vive Venezuela?

La gente, sostiene el prelado, no solamente va “a pedir ayuda al Santo Cristo, a la Virgen o a las diversas manifestaciones de carácter evangelizador con su oración”: van a “pedir la fuerza para un compromiso”. Esto porque la gente entiende, que no debe “esperar que otros solucionen nuestros problemas”, sino que, con la gracia de Dios y con la fuerza del Señor, “es posible dar una respuesta”.

Ante el “rostro sereno” del Santo Cristo, las palabras que eleva el pueblo en la boca del pastor, caen hondo como una roca en el mar en el corazón de muchos. La famosa frase pronunciada hace 56 años por Martin Luther King, tras la memoria de la fe de los santos, traza las líneas de la plegaria.

Ante el rostro sereno de Santo Cristo, “tengo un sueño”

Es la plegaria de un sueño, “en medio de una realidad casi imposible de solucionar”.

“Sueño”, dice el obispo, que sea respetada “la dignidad humana”, de “donde brotan los derechos humanos”, en particular “el derecho a la vida”. El sueño de ser “reconocidos como personas, imagen y semejanza de nuestro padre Dios” con la propria “masculinidad y feminidad” y sin “propuestas ideológicas”… El sueño de “vivir en fraternidad y solidaridad sin distinciones, brechas ni divisiones…”.

El obispo constata sin embargo, que en esta sociedad y momento “se hace lo contrario” a esos sueños:

“No se busca el bien común. Quienes tienen el deber de proteger al pueblo y sus derechos humanos sólo fortalecen su parcialidad política, que no toma en cuenta el bienestar del pueblo, y en vez de un verdadero diálogo, sin la participación de ese pueblo se realizan negociaciones que huelen más bien a pactos de élites para consolidar los propios intereses”.

Plegaria

Son sueños que se vuelven plegaria ante lo que sucede en el Arco Minero, lo que se pretende hacer en Valle Plateado y en otros sitios de los andes venezolanos. “No permitas la destrucción de la casa común”, se implora.

La pesadilla del pecado

Ante el rostro sereno del Santo Cristo, también se exponen las pesadillas: las de creerse “más y mejores que los demás”, las del alejamiento de Dios, la de “la mediocridad y el conformismo”.

La “de la corrupción que destruye toda sana convivencia y desemboca en el menosprecio de la persona humana”, con un “menosprecio que es tal, que no importa si el pueblo pasa hambre, o los enfermos no son atendidos, o los niños mueren de desnutrición”.

Un menosprecio que porta la ceguera a los ojos del corazón, y por la cual “no duelen los perdigonazos en el rostro juvenil de Rufo Chacón, y mucho menos las torturas que terminan por asesinar a hermanos como el capitán Acosta”.

Una “verdadera pesadilla que provoca tal miedo en quienes deberían protestar ante la tortura y muerte del compañero de armas, que les impide incluso reaccionar”. “La pesadilla – afirma el pastor- del silencio cómplice, sólo para no perder los privilegios o posiciones adquiridas”. Una pesadilla que “embrutece la inteligencia y el espíritu”, que lleva también a que no importe “el dolor ni el empobrecimiento de la gente”.

¿Hasta cuándo Señor?

“Santo Cristo porque somos capaces de soñar sueños de libertad te preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar esta pesadilla que acogota al pueblo venezolano?…»

La gracia del perdón

Ante el rostro sereno del Cristo, el pueblo que peregrina en El Táchira, con las palabras del Pastor, reafirma que puede “hacer realidad los sueños”, dando testimonio del amor de Dios. Que es posible abrir los brazos para sostener a los más débiles, acompañar y también acoger “a quienes se arriesgan a regresar, como lo supo hacer el hijo pródigo”.

Los brazos, concluye el Obispo, “están permanentemente abiertos para perdonar y purificar a los hundidos en el pecado del mundo, ayudándolos a asumir sus responsabilidades ante la justicia”… Es que es profunda la fe, que sabe y testimonia que para el Santo Cristo, todo es posible.

Ciudad del Vaticano